Su
origen tiene lugar en la antigua Grecia y en las primeras dinastías de China (“ThomasNet® - Product
Sourcing and Supplier Discovery Platform,” n.d.). Se encuentran indicios de robots primitivos en el primer
siglo “I”. Estos dispositivos, autómatas (palabra de origen griego la cual
quiere decir “que actúa por voluntad propia”), prácticamente máquinas de
movimientos no eléctricos con acciones humanas o animales.
Registros
históricos:
Se
dice de una famosa “orquesta mecánica” elaborada por artesanos chinos en
tiempos de la Dinastía Han (200-300 A.C.). Por otros documentos se describe la elaboración
de un ave que funciona a vapor elaborada en el siglo IV A.C. por el matemático
griego Arquitas de Tarento.
En
la Edad Media, en Europa y en el Medio Oriente, los autómatas se reconocieron
como una gran parte del mecanismo de los relojes. Lo describe en sus propios
textos, diagramas e ilustraciones, el matemático árabe Al-Jazari (1136-1206),
El cual fue capaz de construir varios dispositivos mecánicos. Entre ellos, un
gran reloj en forma de elefante que sonaba cada hora y un mesero autómata que
servía bebidas (“Paris Innovation Review,”
n.d.).
El
Renacimiento trajo su propia versión de los robots, el autómata humanoide
concebido por Leonardo da Vinci en 1495. Según sus ilustraciones, seria capaz
de realizar movimientos similares a los humanos como:
1. Sentarse.
2. Mover los brazos.
3. Caminar.
4. Rotar la cabeza.
Su aspecto
simulaba el de un caballero en su armadura medieval.
La
Revolución Industrial y el creciente enfoque en las matemáticas, la ingeniería
y la ciencia en la Inglaterra victoriana dieron impulso al desarrollo de la
robótica como la conocemos hoy. Charles Babbage (1791-1871), considerado el
padre de la computación, construyó las bases de la informática a inicios del
siglo XIX.
Aún
inconclusos, sus proyectos para desarrollar la máquina de diferencias y la
máquina analítica crearon las bases para el desarrollo del cálculo mecánico,
que dio origen a la ciencia computacional moderna. Al mismo tiempo, algunas
fábricas comenzaron a utilizar máquinas para incrementar la productividad y la
precisión en sus líneas de producción.
La
palabra robótica, fue apoyada y definida por Isaac Asimov en 1942, cuando
propuso las Tres Leyes de la Robótica en su cuento Runaround:
1. Un robot no podrá lastimar a un ser humano ni, a través de
la inacción, permitir que un ser humano causar daño.
2. Un robot deberá obedecer las órdenes recibidas de los seres
humanos, con excepción de aquellas órdenes que entren en conflicto con la
Primera Ley.
3. Un robot deberá proteger su propia existencia siempre y
cuando dicha protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.
La
inteligencia artificial andaba en las mentes de la comunidad científica durante
la década de 1940. Alan M. Turing
(1912-1954) fue un científico, matemático e informático británico que se hizo
la pregunta “¿las máquinas pueden pensar?”.
Durante su carrera trabajó en crear un sistema para computar grandes
cantidades de información a alta velocidad.
Hebert
Simon (1916-2001) fue un científico estadounidense que puso en práctica las
teorías de Turing y en 1956 respondió afirmativamente la pregunta del británico
por medio de la creación de una computadora capaz de probar teoremas
matemáticos. Era cierto, una máquina sin vida era capaz de pensar lógicamente,
lo que dio impulso al desarrollo de la inteligencia artificial.
Robots
actuales
El
ejemplo actual más visible, quizá, es ASIMO. Un robot con figura humana de 130
centímetros de altura, creado por el Centro de Investigación y Desarrollo de
Honda en Japón, que puede caminar e incluso correr. ASIMO puede detectar los
movimientos de múltiples objetos y medir su distancia y dirección,
permitiéndole saludar de mano a las personas que se le acercan (“Robots and Androids,”
n.d.).
Desde
aves a vapor hasta androides en el espacio, la historia de los robots
definitivamente ha significado una serie de enormes saltos para la humanidad.